miércoles, 5 de diciembre de 2012

Memorias de un corazón roto.

Hoy tengo ganas de escribirte,
tengo ganas de probar tu piel
y perderme en el mar de tus ojos.

Hoy tengo ganas de caminar a tu lado,
perdernos detrás de cada esquina,
y no mirar nunca hacia atrás.

Hoy tengo ganas de saborear tus labios
y fundirme en la melodía de tus manos.

Hoy quiero encontrarte en un beso,
y mirar el infinito junto a tu risa.
Quiero sentir tu piel
y pretender que no existe el mañana.

Quiero escabullirme entre tus lágrimas,
y escuchar tus anhelos,
y tus deseos,
y tu cuerpo.

Simplemente quiero ser parte de ti
y que me recuerdes.

Porque tú te has clavado en mi,
te has escabullido en lo más profundo de mi ser.

No sé cuándo pasó,
ni cómo pasó.
Sólo sé que te has robado una parte de mi corazón,
y también sé que esa parte nunca regresará.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Oscuro.

En esta oscuridad
tu sonrisa es la única luz.

Escucho el sonido de tu risa
y de fondo las gotas de lluvia
que caen sobre el pavimento.

No eres más que un anhelo,
una idea vaga la cual no logro escribir.

¿Cómo escribirte,
si eres inmenso como el océano?

Es imposible encerrar la idea de ti en un papel.

Pero es lo único que me queda.

Intentaré crear una celda
con mis letras,
para que ya no te me escapes.

Porque estoy harta
de inventar historias
en las que te tengo a mi lado.

Estoy harta
de ver mi cama vacía,
de hacer sólo una taza de café,
de salir a caminar sin tener alguien
que camine a mi lado.

Así que si eres inmenso,
escribiré inmensos poemas.
Dibujaré tu cuerpo con mi tinta
y le daré vida a tus pensamientos
con mis palabras.
Mis versos serán tu comida
y la energía que te mantendrá vivo.

No te dejaré morir
aunque te tenga que escribir a diario
y en muchos idiomas.

Y el día que ya no pueda escribirte,

el día que se me acaben 
las palabras,
y los idiomas,
y las rimas.

Destruiré esta celda,
para que puedas volar
y ser los versos de alguien más.


domingo, 2 de diciembre de 2012

Eclíptica.

El sol salió,
y con él nosotros.

El inicio del día siempre es tranquilo,
flojo,
sin embargo el sol es cálido,
sólo lo suficiente,
así éramos tú y yo.

A medida que avanza va ganando calor,
hasta que llega a la mitad,
al punto máximo en el que arde y quema tanto
que llega a nublar los sentidos.

Nuestra pasión nos quemó,
y terminó cegándonos.

Sigue su recorrido
entre tazas de café
y libros
y conversaciones
y otras cosas
que no tiene permitido decir.

Después de tanto calor
tiene que descansar un rato,
esconderse de los amantes
que tratan de imitarlo,
y dejar que salga la luna.

Esa luna a la que le han escrito tantos poemas.

A la que los enamorados contemplan cada vez que aparece.

Pero no se dan cuenta
que es gracias al sol
que puede salir la luna.

Muchos la imitan a ella,
porque es fría,
no cualquiera
se atreve a imitar
la pasión del sol.
No es fácil.

Así termina el día
con la noche.

Así terminamos tú y yo:
fríos.